El presidente chino, Xi Jinping, viene anunciando desde hace años cambios en el orden mundial como no se habían visto en el último siglo, pero ahora ha conseguido sintetizar en una sola fotografía el más espectacular de todos: ser él mismo quien haya reunido a más de 20 países que superan en su conjunto el 40% de la población y el 20% del PIB mundiales en torno a la idea de desbancar a Estados Unidos del liderazgo internacional. El marco de la cumbre, celebrada en la ciudad china de Tianjin, ha sido la Organización de Cooperación de Shanghái, una de las instituciones creadas por Pekín hace ya casi un cuarto de siglo como alternativa al dominio de Washington de las organizaciones surgidas tras la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, ante la incapacidad para reformarlas y acomodarlas a los cambios demográficos y económicos globales.

La foto de Tianjin certifica un insólito acercamiento entre India y China a la vez que bloquea la estrategia estadounidense de utilizar a Delhi como contrapeso a la influencia china. También da oxígeno a Putin, con mayor margen para dar largas a Trump en sus pretensiones de pacificador de la guerra de Ucrania. Para el mandatario republicano es una derrota autoinfligida con dos decisiones propias: los aranceles de castigo a India del 50% por la compra de petróleo a Rusia y su falsa mediación en la tregua entre India y Pakistán, que el presidente reivindicó obscenamente ante Modi para recabar su apoyo para el Nobel de la Paz.