El juicio más importante de la historia reciente de Brasil entra en la fase final. El martes 2 de septiembre, a las nueve de la mañana, empiezan en el Tribunal Supremo, en Brasilia, las sesiones para dictar sentencia en el caso contra Jair Messias Bolsonaro, 70 años, un juicio que su aliado Donald Trump ha intentado reventar con su poder presidencial. Infructuosamente. El expresidente brasileño, militar retirado, está acusado de liderar una conspiración golpista, con planes de magnicidio, junto a varios generales. Se desconoce si Bolsonaro seguirá las deliberaciones desde su chalé, donde está en prisión domiciliaria, o si acudirá al edificio acristalado del Supremo, que cientos de sus seguidores arrasaron el 8 de enero de 2023. La cuenta atrás para el veredicto ha abierto la batalla por la sucesión en el clan Bolsonaro y la derecha brasileña. También muy atenta, la internacional de los conservadores nacionalpopulistas.
Nunca antes Brasil sentó en el banquillo a un expresidente brasileño ―o unos militares― por un intento de golpe de Estado. De ahí la relevancia del juicio, pero hay otros factores trascendentales, explica Rubens Glezer, profesor de derecho constitucional de la Fundación Getulio Vargas: “Este es un test de fuerza sobre la capacidad de los tribunales para conseguir castigar a esos líderes autoritarios que intentan dar golpes de Estado. En ese sentido, la relevancia trasciende Brasil. Es profundamente importante para América Latina, pero también para el mundo. Por eso, Trump ha intervenido tan explícitamente”.












