Cualquiera podía ver el contenido del grupo, comentar, o subir imágenes. Debajo de las fotos había decenas de comentarios: elogios, frases vulgares y a veces violentas, solicitudes de encuentro. Algunos de los usuarios eran anónimos, pero otros publicaban y comentaban abiertamente sin esconder su identidad. “He aquí una foto de mi esposa tomada a escondidas, ¿qué os parece?” “¿Qué le haríais a mi mujer?”. Así, a lo largo de siete años, funcionaba el grupo público de Facebook Mia Moglie (Mi Esposa, en italiano), que contaba con 32.000 miembros y que ha sido clausurado recientemente por la plataforma por infringir su política contra la explotación sexual de adultos.

“El autor de la publicación, el supuesto marido, pedía a los demás usuarios que comentaran de forma sexualmente explícita el cuerpo de su mujer, prometiendo más fotos en cuanto consiguiera hacerlas a escondidas”, explica a EL PAÍS la escritora y activista Carolina Capria, que hace unos días expuso públicamente la existencia de este grupo, que calificó como “una violación virtual”.

Su denuncia ha tenido importantes repercusiones en el país transalpino y además de provocar el cierre inmediato de la página, también ha movilizado a la ciudadanía y ha impulsado el debate sobre la protección de la intimidad en internet y la cultura en torno a la que gravitan este tipo de prácticas. Antes de denunciarlo pasó horas navegando en el tablón del grupo para constatar que aquel contenido era reprobable y que gran parte de las imágenes habían sido tomadas sin el consentimiento de las retratadas. “Me impactó la foto tomada a una mujer mientras amamantaba a su bebé”, comenta.