A veces, dos eventos chocan al mismo tiempo en la vida de un padre o una madre. La situación se complica cuando son dos momentos importantes, y a uno le caracteriza la obligación y al otro, la pasión. Ocurre cuando se trata de una cita crucial en su vida laboral y de un momento clave en la vida de los hijos. La angustia se puede llegar a cebar con ellos, sabiendo que según qué decisión tomen pueden perderse primeras veces de sus hijos, unos momentos que nunca volverán, o eventos que para los pequeños son muy importantes. La culpa por la ausencia puede adueñarse de la emoción de los adultos.
“Hoy, nuestra vida es el trabajo. Todo lo demás hay que encajarlo en el tiempo libre”, razona Claudia Ruiz Zuluaga, psicóloga clínica infantil en MenteAMente. La experta apunta a un fuerte cambio social como origen de este problema: “La sociedad nos manda mensajes de que somos individuos autónomos o independientes. Muchas veces se niegan las necesidades de dependencia del lado social, de una comunidad”. Antes, señala, la crianza estaba sostenida por redes de apoyo: una comunidad, un vecindario o unas personas alrededor de los padres. Hoy, la sociedad manda mensajes de que somos autónomos, independientes y que hacerlo todo es posible. Y este ideal inalcanzable se traduce en la realidad en sentimientos de angustia y autoexigencia. Un estudio de 2024 de la Ohio State University alerta de que un 57% de los padres en Estados Unidos experimenta “burnout parental”: un agotamiento no solo físico, sino también mental, y que está relacionado con esa presión social por ser madres y padres perfectos y, además, estar siempre presentes.






