El Partido Socialista, según la Agencia Efe, quiere suspender el pleno del Congreso previsto para el 11 de septiembre para respetar la celebración de la Diada de Cataluña. La idea es buena pero insuficiente. Una medida más beneficiosa para la integración y el sentimiento general de pertenencia sería extender el festivo a toda España. Ni siquiera hay que alterar mucho el nombre: ya se llama Fiesta Nacional de Cataluña y según el artículo 8.1 del Estatut es un símbolo nacional. Conmemorar en todo el Estado la capitulación de Barcelona ante las tropas del duque de Berwick durante la guerra de Sucesión permitiría impulsar el conocimiento de la historia de nuestro país y una gran contienda europea, de los fueros y las instituciones, e introduciría un nuevo asunto del que podríamos discutir en redes y heladerías en todas las lenguas del Estado. Vendría a sumarse a las disputas del 12 de octubre entre quienes dicen que no celebran un genocidio y quienes señalan no hay nada como la Hispanidad, a las polémicas sobre Eurovisión, y al cisma sobre la tortilla de patata con cebolla y sin cebolla que anima las conversaciones de tantas familias. Como ha explicado el filósofo Ernesto Castro, la secularización de la sociedad propicia la aparición de rituales sustitutorios: los mejores son los que recurren periódicamente.
Por la Diada Nacional de España
Celebrar el ‘Onze de Setembre’ en todo el país ofrecería sugerentes ramificaciones






