Cataluña celebra su Diada con la vista atrás. La movilización ciudadana ha caído con el paso de los últimos años con el fiasco del procés y el recuerdo de tiempos mejores marca una jornada que antaño fue una demostración de fuerza del independentismo y que, ahora, se vive más como una ocasión propicia para tener un día ocioso aprovechando una jornada que el calendario reserva como festivo. La playa podría haber sido una opción a tener en cuenta, pero una tormentosa mañana en Barcelona ha condicionado planes, lo mismo que seguro ha influido en desalentar la participación en la tradicional manifestación que se celebra cada 11-S por la tarde, organizada por Assemblea Nacional Catalana (ANC) y otras plataformas independentistas. Según la Guardia Urbana, han asistido 28.000 personas, la mitad que el año pasado (unas 60.000 personas) y muy lejos de cifras superiores al millón de participantes durante la cúspide del procés.

La marcha ha arrancado a las 17:14 horas en el Moll de la Fusta, entre el parque de la Ciutadella y el monumento a Colón, un recorrido muy inferior en comparación con las calles y manzanas que se reservaban en pleno ardor del procés, pero con una puesta en escena habitual, aunque lejos de las muchedumbres de años pasados: banderas catalanas y esteladas, pancartas y gritos de “Independencia”. En los primeros compases, cinco personas encapuchadas han quemado una bandera española ante la cabecera de la manifestación.