Ha pasado más de una década, pero Mary Mawritz aún puede oír el tintineo de aquellas borlas con puntas metálicas contra sus mocasines de cuero —era el sonido característico de su jefe recorriendo los pasillos de la empresa inmobiliaria donde trabajaba—. “Cuando oía ese tintineo, se me revolvía el estómago porque sabía que se acercaba”, dice. Su jefe tenía otro sonido característico: gritar, y mucho. La reprendía delante de toda la oficina y la amenazaba con despedirla inmediatamente si no seguía su interminable aluvión de plazos y exigencias.
Por la noche, Mawritz volvía a casa con un fuerte dolor de cabeza y un montón de preguntas: ¿por qué actuaba así? ¿Por qué pensaba que estaba bien tratar así a la gente? Muchos trabajadores se han hecho preguntas parecidas, pero ella ha construido una carrera a partir de ellas. Mawritz es ahora investigadora de gestión empresarial en el LeBow College of Business de la Universidad de Drexel, en Filadelfia (EE UU), y es una de los muchos expertos que utilizan conocimientos de psicología y gestión empresarial para abordar el fenómeno de los malos jefes, un problema obstinadamente persistente que sigue expulsando a personas de carreras prometedoras, perjudicando los resultados de las empresas y arruinando muchos días por lo demás decentes.






