El jefe de gabinete de Ayuso, que busca desacreditar a la presunta víctima de acoso en Móstoles, juega al ataque rápido, sucio e hiriente. Su lema es “a cada insulto, dos”, pero no siempre gana

Ha vuelto a pasar. Cada vez que la jefa de Miguel Ángel Rodríguez se encuentra en peligro, él reacciona rápido, sin miedo a equivocarse, confiado en sus canas. El jueves, horas después de que

sacion-de-acoso-contra-el-alcalde-de-mostoles-el-amparo-pasa-por-que-te-quites-de-la-cabeza-cualquier-denuncia.html" data-link-track-dtm="">EL PAÍS revelara que el PP madrileño de Isabel Díaz Ayuso había ignorado a una concejala que denunció internamente por acoso al alcalde de Móstoles, el gabinete de presidencia que él dirige filtró un documento con los correos enviados por ella, entre ellos a la propia presidenta, sin ocultar el nombre hasta entonces anónimo de la denunciante y aparentemente sin calcular que esos mensajes reforzaban la idea de que el partido la desatendió. Luego, los escuderos de Ayuso, de los cuales él es capitán de operaciones, recurrieron a las medias verdades y a los bulos para deslegitimar a la presunta víctima. Esa manera de responder cuando se siente golpeado la resumió en una entrevista de 2024 con una frase que suena a consigna interna: “A cada insulto, dos”.