En la Comunidad de Madrid, las cifras de siniestralidad laboral muestran una paradoja inquietante. Los accidentes bajan, pero las muertes no dejan de aumentar a un ritmo de entre 12 y 15 fallecidos más cada año. Paralelamente, el perfil y las causas de los fallecimientos han cambiado: ya no son solo caídas desde alturas o atrapamientos, sino también infartos, golpes de calor y otras patologías silenciosas, según los sindicatos.
En el registro de Comisiones Obreras, en 2023 se contabilizaron 73 muertos en la Comunidad de Madrid y en 2024 la cifra aumentó a 85, un 16% más. Este año la situación no pinta mejor: en los primeros seis meses se han contabilizado 49 fallecidos que, de acuerdo a esta tendencia, serían 98 al terminar el año, lo que supondría otro aumento del 15%.
Las cifras difieren de las del ministerio de Trabajo, que reduce la cifra más de un 30%, debido a que, según los sindicatos, no se tiene en cuenta el cambio en el perfil de los trabajadores ni cómo afectan las olas de calor. El principal enemigo no siempre es el andamio o la maquinaria pesada. En los primeros seis meses de este año, 24 trabajadores madrileños murieron por patologías no traumáticas como infartos o derrames cerebrales mientras trabajaban. El calor es el nuevo enemigo, aunque se trata de un factor no siempre detectable y, en ocasiones, difícil de demostrar ante un juez.






