Las muertes por temperaturas extremas en el trabajo son una realidad que va en aumento, especialmente en el contexto de olas de calor cada vez más prolongadas e intensas como consecuencia del cambio climático. Sin embargo, las estadísticas apenas reflejan su impacto, hasta el punto de que el recuento oficial del Ministerio de Trabajo no recoge ni una sola muerte laboral por calor en 2024. Los trabajadores al aire libre, sobre todo en la agricultura, la construcción, el mantenimiento de las calles y la recogida de residuos, son los más expuestos a un fenómeno claramente mal diagnosticado. También quienes trabajan en recintos sin una adecuada climatización. La primera condición para afrontar un problema es conocer su alcance.
En lo que va de verano, al menos 21 personas han perdido la vida por calor extremo, según datos notificados por las comunidades a Sanidad. Es ya el segundo verano más mortífero desde que hay registros, a falta todavía de cinco semanas para que termine. Son trabajadores como, por ejemplo, una profesional de la limpieza que murió en Barcelona a finales de junio o un temporero que murió el pasado 12 de agosto en Alcarrás. La falta de protocolos claros y los criterios forenses restrictivos hacen que esos datos no se trasladen automáticamente a las estadísticas laborales, lo que contribuye a invisibilizar tragedias dolorosas. El Defensor del Pueblo inició el pasado julio una actuación de oficio por las muertes por calor de varios trabajadores en distintos puntos de la geografía nacional guiándose por informaciones de prensa. En la era de la digitalización no es admisible semejante carencia de datos oficiales.












