Una alarma silenciosa recorre las estadísticas laborales de Cataluña este año: en casi todos los meses de este 2025 han muerto más personas durante su jornada laboral que el año pasado. En los siete primeros meses del año murieron 52 personas durante su jornada laboral, un 44% más que en el mismo periodo del año anterior, a las que hay que sumar 12 trabajadores que murieron yendo o viniendo de su trabajo —in itinere—, un 25% menos. Pese a que la siniestralidad laboral en su conjunto se ha reducido un 2% entre enero y julio, la mortalidad repunta. Y lo hace porque se han disparado las muertes en los accidentes que más fácilmente puede evitar la prevención y la seguridad: los siniestros mortales catalogados como “traumáticos”, es decir, caídas, aplastamientos o electrocuciones. Estos han crecido un 136%. Se trata de las mismas muertes que acontecían hace 30 años, cuando se aprobó la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Los sindicatos creen que hay un gran déficit en la prevención, y piden al Govern que saque adelante el plan de choque que anunció el pasado mes de mayo, y cuya negociación está bloqueada, en parte, por la negativa de la patronal Foment del Treball.
Los datos del Observatori del Treball i el Model Productiu arrojan una realidad preocupante. Si bien los accidentes con baja en jornada laboral, en su conjunto (leves, graves y mortales), han caído un 2% en los siete primeros meses del año, hasta los 56.344, las muertes han crecido un 44,4%, hasta las 52. Solo en el mes de julio murieron 13 personas, por las cinco del mismo mes del año pasado. Detrás de estas cifras hay casos concretos, como el accidente mortal en la fábrica de Ebro en la Zona Franca o la muerte por un golpe de calor de una trabajadora del servicio de limpieza municipal de Barcelona.







