Cuatro policías armados, alguno vestido con chaleco antibalas, patrullan un callejón en Washington, con cara de pocos amigos, y se acercan a un hombre que fuma, sentado en la escalera de su casa. “¿Qué pasa, han recibido algún aviso por aquí cerca o algo? Esta es mi casa, y lo que estoy fumando es un cigarrillo”, dice el vecino. Tras un intercambio de frases, el agente le explica la situación: “Dile a tu gente que todos [todas las agencias de Policía] están por las calles. Desde el FBI a la policía de parques. Así que avisa: que no fumen en la calle, que no beban en la calle. Porque Donald Trump se ha cansado de esto”, profiere. La escena fue grabada por testigos y se ha viralizado en las redes sociales.
Hace casi dos semanas que el presidente estadounidense “se cansó de esto”, tomó el control de la Policía Local de Washington DC y ordenó el despliegue de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) y la Guardia Nacional en la capital estadounidense para mantener el orden, con el argumento de que el Distrito de Columbia se había convertido en una ciudad sin ley. “La gente no se atrevía a venir… llegaban de Iowa o de Indiana y se iban a marchar en bolsas para cadáveres”, llegó a decir para justificar su insólita medida. “El nivel de delincuencia estaba entre los peores del mundo. Qué digo: era el peor del mundo”, insistió. Ahora se ufana de que ha dado la vuelta a la tortilla y de que la violencia se ha eclipsado, y amenaza con ampliar la medida a otras ciudades de mayoría demócrata: la siguiente, había dicho, será Chicago; este domingo lanzaba un aviso a Baltimore, “fuera de control y plagada de crimen”. Pero la mayoría de los residentes consultados a pie de calle expresa su preocupación por el nuevo escenario.









