Maricela Jasso hace memoria y recuerda cómo era la colonia Roma Norte hace 40 años, cuando se mudó a un departamento con su familia cerca de la Fuente de Cibeles. Se acuerda de los talleres de reparación de bicicletas que abundaban en las esquinas, las farmacias locales y esas calles populares donde hacía vida de barrio. Era un lugar muy distinto del que la expulsaron hace un año, cuando le dijeron que venderían la propiedad que habita. “Van a tumbar el edificio que tiene más de 80 años y que aguantó los temblores del 85 porque no les conviene, tienen un departamento por piso y ahora quieren construir de nuevo para hacerlo de Airbnb”, dice la señora de 74 años desde su nueva casa alquilada en Taxqueña. Su hija tuvo que mudarse fuera de la ciudad ante la imposibilidad de pagar las rentas de la capital, su nieto tuvo que despedirse de sus amigos y cambiar de escuela. Una historia que se repite en los barrios tensionados por la gentrificación en Ciudad de México, que tras las violentas protestas de jóvenes presionados por las subidas de precios, se mira al espejo de sus legislaciones laxas, la falta de vivienda y ante el avance de un mercado de desarrollos inmobiliarios inalcanzables para el grueso de la población.