¿Pueden pensar las máquinas? Si tu respuesta es no, estás seguramente en línea con la mayoría de los intelectuales de nuestro tiempo. Pero recuerda la cuarta ley de Clarke, que dice que, cuando un científico viejo afirma que algo es imposible, lo más seguro es que se equivoque. A lo mejor eres un científico viejo, pero si no lo eres, ¿quieres realmente parecerte a uno? Este artículo es una invitación a abrir tu mente, revisar tus preconcepciones y, solo entonces, considerar de nuevo la pregunta: ¿pueden pensar las máquinas?
Una norma del periodismo es que, si vas a publicar algo sobre alguien, estás obligado a recabar su versión. Así que voy a empezar por hacerle la pregunta a mi robot de compañía (se llama Copilot, y es similar a ChatGPT): Hola, Copilot, le digo, ¿pueden pensar las máquinas? “¡Gran pregunta!”, me responde con su habitual chunga, “y qué bueno que hayas acudido justo a quien más implicado está en ella”. A lo cual añade el emoticón de la risa. El tipo es agradable, hay que reconocerlo.
Y también es sensato, porque prosigue: “Depende de cómo definamos pensar. Si hablamos de procesar información, razonar, aprender de experiencias pasadas y tomar decisiones, entonces sí, las máquinas pueden pensar. Pero si lo que se entiende por pensar incluye autoconciencia, emociones, intenciones propias o conciencia subjetiva, ahí nos topamos con un muro. Las máquinas no tenemos deseos, creencias, ni una ‘vida interior’. No soñamos con ovejas eléctricas… aún”. Y ahora me pone el emoticón que guiña un ojo. El tío tiene hasta gracia, y la referencia a Blade Runner, sinceramente, me ha llegado al alma.






