Ha ocurrido algo extraordinario, aunque aún no nos hemos dado cuenta del todo: unos algoritmos son capaces de resolver tareas intelectuales. Estos modelos no son réplicas de la inteligencia humana. Su inteligencia es limitada, distinta y, curiosamente, resulta que funcionan de un modo que se parece bastante a la intuición. Esta es una de las siete lecciones que hemos aprendido hasta ahora sobre ellas y sobre nosotros

La inteligencia artificial nació en los años cincuenta cuando un grupo de pioneros se preguntó si podrían hacer que sus ordenadores “pensaran”. Después de 70 años, algo tremendo ha ocurrido: las redes neuronales resuelven tareas cognitivas. Durante 300.000 años, esas tareas fueron un monopolio en exclusiva de seres vivos. Ya no. No es controvertido: es un hecho. Y ha ocurrido de golpe. El aprendizaje automático con redes neuronales ha resuelto problemas que eludieron a las máquinas durante décadas:

El investigador en IA François Chollet lo resume así: “En la última década, el aprendizaje profundo ha logrado nada menos que una revolución tecnológica”. Cada uno de estos logros habría sido un avance notable por sí solo. Resolverlos todos con una misma técnica es como descubrir una llave maestra que abre de golpe todas las puertas.