VUELTA A ESPAÑAETAPA 1
Con la ilusión del invitado y con la voluntad de demostrar que su participación en la carrera es merecida, el autobús del Burgos Burpellet BH llegó el primero al viale Carlo Emanuelle II de la Venaria Reale, moreras por doquier y área metropolitana de Turín de estilo barroco y rococó declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Poco a poco se agolparon los demás autocares entre miles de aficionados que se pirraban por un autógrafo, un selfi, quizá un botellín de regalo, acaso un grito de ánimo a Giulio Ciccone cuando asomó la cabeza por las escaleras del bus. La Vuelta calentaba motores y a escasos metros de allí, los más afortunados, lo que tenían balcón en la vía Andrea Mensa, calle empedrada y fachadas desconchadas que, sin embargo, envejecen con señorío, aguardaban con paciencia el pistoletazo de salida desde el Palacio Real. Globos de decoración, banderines colgados que atravesaban las calles, comercios abiertos no sea que se haga otro verano, gelateria necesaria por el fatigante calor, música de fondo, una auténtica fiesta mayor. Y, de repente…, preparados, listos, ¡ya! Comenzó la Vuelta en tierras piamontesas, donde los Saboya cazaban y donde los ciclistas se encomendaron para lo mismo, aunque más que una pieza, querían la etapa. Y eso, en uno de los pocos sprints que hay en esta Vuelta, sería para el más rápido, sería para Jasper Philipsen (Alpecin).













