Con 65 años, la arquitecta alemana Annabelle Selldorf lleva 47 viviendo en Manhattan. Tiene un despacho con 65 empleados en Union Square. Admite que es una neoyorquina en toda regla: impaciente, cosmopolita, exigente, de mente abierta e inmigrante. La entrevista se desarrolla en la ampliación de la National Gallery que acaba de concluir en Londres. Su objetivo es paradójico: acercar el arte al público y facilitar la visita del cada vez más creciente número de visitantes.
Cindy Sherman, David Salle, Eric Fischl…, sus clientes artistas destacan que usted escucha.
De niña siempre hablaba demasiado. Y cuando hablas demasiado no escuchas y no aprendes de los demás. Empecé a escuchar porque me interesa la gente.
¿Cómo aprendió?
No es una obligación. Pero es esencial y un placer. Más que cualquier otra cosa del mundo, me interesan las personas. Ahora mismo tengo curiosidad por saber dónde vive usted. Pero me contengo. Creo que sucedió cuando mi vida dio un giro radical. Me trasladé a Estados Unidos con 18 años.








