En las zonas más iluminadas del planeta, en su mayoría ciudades, los pájaros cantan hasta una hora más que en las áreas libres de contaminación lumínica. El dato, publicado en la revista Science, es uno de los resultados de una investigación con millones de trinos de centenares de especies. Esto supone que las aves empiezan su actividad diurna antes y descansan más tarde, quizá percibiendo que los días son más largos. El adelanto del inicio de sus vocalizaciones al alba y que sigan trinando cuando ya se ha ido el sol podría estar afectando a aspectos de su vida tan básicos como la reproducción, la exposición a los depredadores o sus migraciones.

La mayoría de los humanos de esta generación dejará de ver las estrellas. Pero el problema de la contaminación lumínica, multiplicado por la tecnología LED, va mucho más allá de la salud humana: recientemente se publicó un amplio trabajo que mostraba que, en las ciudades, la primavera se había adelantado mientras el otoño se está retrasando, alterando la fenología de las plantas. Del impacto de la contaminación lumínica en los animales hay muchos trabajos sobre especies específicas, como el drama de las luciérnagas, y unas pocas recopilaciones de estudios que muestran cómo las luces están trastocando la vida animal. Faltaba una investigación de gran alcance con alguno de los grandes grupos de animales.