Las farolas, los neones o los leds de los escaparates están confundiendo a las plantas: en las ciudades, la primavera llega varios días antes que en el campo y el otoño se retrasa también casi dos semanas. Una investigación publicada en la revista científica Nature Cities muestra cómo la contaminación lumínica actúa como el Sol, acelerando procesos fundamentales de la fenología de las plantas, como la brotación y caída de las hojas. Los investigadores creen que las luces de la ciudad están alterando la vida vegetal con consecuencias aún por determinar.
La contaminación lumínica impide ya ver las estrellas. Recientes trabajos también han mostrado cómo el exceso de iluminación artificial en las ciudades estaría afectando a la conducta de los animales urbanos y a la salud humana. En paralelo, son muchos los trabajos que han constatado que la primavera llega antes a las ciudades. Pero se señalaba al calentamiento global, que se intensifica en los entornos urbanos por el llamado efecto isla de calor urbana: el hormigón de los edificios, el alquitrán de las calles, la altura de las construcciones y todo el diseño urbano atrapan el calor. Ahora, la contaminación lumínica se suma a la ecuación y el resultado es el trastoque generalizado de la vegetación urbana.






