Construir la red ferroviaria sobre la complicada orografía de Noruega siempre fue una odisea, pero el resultado es espectacular y para los viajeros, un privilegio. Si solo se tiene tiempo de recorrer el sur del país,
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k-track-dtm="">el Bergensbanen (ferrocarril de Bergen) es una magnífica opción: cubre el trayecto Oslo-Bergen, y es igual de bonito en cualquier dirección. Pasa por ríos impetuosos y bosques misteriosos, y atraviesa la desolada y seductora meseta de Hardangervidda. El viaje se puede interrumpir para tomar el Flåmsbana (el ferrocarril de Flåm), de estilo vintage, y bajar por dos fiordos de camino a Oslo. O, en sentido contrario, terminar en Bergen.
Si solo se tiene tiempo para visitar un fiordo noruego, que sea el Sognefjord, por el que nos adentra esta combinación ferroviaria. Con unos 204 kilómetros, el Sogne es el segundo fiordo más largo del mundo (tras el Scoresby Sund, de 350 kilómetros, en Groenlandia). Las vistas son extraordinarias, una combinación elemental de roca vertiginosa, nieve y hielo invernal, y aguas con todos los tonos de azul. Además, hay algunas aldeas preciosas en sus márgenes y el icónico y casi vertical ferrocarril Flåmsbana.







