Archivos del trabajo, documentación personal, recuerdos en forma de fotografías y vídeos… En la actualidad almacenamos todo tipo de documentos en nuestros ordenadores y dispositivos, y no siempre de forma segura; algo que puede tener consecuencias incluso legales si alguien accede sin autorización a toda esta información. Además de cifrar siempre los archivos por software, hay una opción más segura: hacerlo por hardware. Es decir, utilizar discos duros con encriptación incorporada en el propio dispositivo: un teclado para meter la clave, un lector de huellas…

Pese a lo que pudiera parecer a simple vista, es algo sencillísimo de utilizar. Lo he probado con el Kingston Ironkey Valult Privacy 80ES, un disco externo de tipo SSD con una amplia pantalla táctil que centraliza sus funciones.

Al conectar el disco al ordenador por USB por primera vez se encendió su pantalla, donde elegí el idioma y la contraseña para poder acceder al contenido. Así, cada vez que lo vuelves a conectar, no se abre la carpeta con los archivos en el ordenador hasta que no se ha introducido correctamente la contraseña elegida. Tan fácil como eso.

Es cierto que tiene algunas posibilidades más, como configurar usuarios y contraseñas adicionales, o utilizar frases completas en lugar de códigos numéricos como clave. Pero sin duda la que más llama la atención es una propia de las películas tipo James Bond: un sistema de protección contra ataques de fuerza bruta que borra todos los datos si se introduce mal la contraseña cierto número de veces —se puede elegir entre 15 y 30—. Esto implica que, si se olvida la contraseña, no hay ninguna forma de acceder a los archivos. Por eso, el fabricante recomienda configurar dos (una para administrador y otra de usuario).