Adriana Murad Konings (Madrid, 1997) publica Los idólatras y todos los que aman (Anagrama, 2025), una novela de aires góticos sobre el duelo y las ficciones necesarias para sobrevivir a lo real.
La novela empieza con la muerte de un gato. ¿Ningún animal resultó dañado en el proceso de escritura? El proceso comenzó cuando una noche desapareció mi gato, que no volvió a casa nunca. La angustia ante la incertidumbre fue el pistoletazo de salida de la novela. Tiempo más tarde, cuando ya corregía el borrador, escuché unos maullidos desde la cocina de mi casa y en la calle me encontré una gatita blanca, que sigue aquí.
Ha dicho que quiso escribir “un cuento de fantasmas al revés”. ¿A qué se refiere? Quería darle la vuelta al esquema narrativo que nos lleva de lo sobrenatural a lo racional. Me gustaba la idea de desvelar el misterio en el primer capítulo y que fueran los propios personajes los que empezaran a creer en fantasmas a medida que avanza la novela. Quería que lo sobrenatural engullera y opacara la vida prosaica, lo real y posible, y no al revés.
Como en Los días leves, esta nueva novela habla, sobre todo, de la soledad. ¿Por qué volver a ese tema? Creo, primero, que en soledad es más fácil creer en lo sobrenatural y que el terror que proviene del poder de convicción que ejercemos sobre nosotros mismos es el más potente. En cualquier caso, la soledad de mis personajes está atravesada por la voz invasiva, parasitaria, del narrador que se mete en sus cabezas y las disecciona.






