Las luces están a punto de apagarse en el polideportivo de La Bañeza a las 23.30 de este miércoles. Algunos de los desalojados que están sentados a las puertas —“a la fresca”, como suelen hacer en verano en su pueblo—, se adentran en la cancha de juego para ocupar su hamaca. “¿A quién le podríamos pedir un par de mantas?“, pregunta Genaro Martínez, de 75 años, a una de las trabajadoras de Cruz Roja, sentada en la mesa que da la bienvenida a los rescatados del fuego, donde se les pide la documentación para identificarles y se les pregunta si requieren de medicación o necesidades especiales. Vecino de Quintana y Congosto, donde un voluntario perdió la vida luchando contra el fuego, Martínez es uno de los 200 evacuados de localidades de la zona, a unos 60 kilómetros al suroeste de la ciudad de León, que aún sigue sin poder regresar a su hogar.

Una de las peores semanas de incendios entre León y Zamora coincide con la semana de celebraciones de la Asunción y San Roque en La Bañeza. Las peñas tenían previsto dirigirse este miércoles al polideportivo como parte del programa de fiestas. Pero, desde el lunes, los eventos han sido anulados por las devastadoras consecuencias del fuego. Y el polideportivo del municipio, de 10.581 habitantes, “prácticamente una ciudad” en la España vacía, se ha convertido en un gran albergue. Fue escogido por la Junta de Castilla y León como punto “seguro” y “cercano” a los pueblos afectados. Tiene capacidad para 300 pernoctaciones, aunque durante los últimos días ha asistido a mil personas, con alimentos o medicinas. Pues hay quienes deciden dormir en el coche, en las inmediaciones, o con allegados.