Summertime, la célebre canción de George Gershwin que nos sumerge en el dulce sopor veraniego, es una de las más conocidas páginas de alabanza al verano. Con ella, el compositor estadounidense iniciaba su más ambicioso trabajo: Porgy and Bess, ópera que tardó 10 años en completar. El verano está presente en muchas obras de los grandes compositores, no solo en las conocidas Las cuatro estaciones, de Vivaldi. Maestros como Haydn, Beethoven, Berlioz, Chaikovski, Debussy, Mahler, Schumann, Mendelssohn, Haendel o Bach también sellaron su vínculo con esta estación de diferentes maneras.

La llegada del verano tiene una fuerza transformadora en nuestras vidas, en nuestros hábitos y costumbres. Las ciudades cambian. Por ejemplo, Leipzig en tiempos de Bach. Durante todo el año había conciertos públicos en el Café Zimmermann ofrecidos por Bach al frente de su Collegium Musicum. En invierno eran los viernes por la noche en el interior del establecimiento, regentado por Gottfried Zimmermann. Pero al llegar el verano, los conciertos pasaban a celebrarse los miércoles a las cuatro de la tarde en los jardines del café. De manera que los ciudadanos lipsienses tuvieron durante años la fortuna de poder asistir, mientras saboreaban un buen café y acomodados bajo la fresca sombra de tilos y robles, a los conciertos ofrecidos por el propio Bach, tal vez con alguno de sus hijos y acompañado por estudiantes del Collegium Musicum, en los que se interpretaban obras como sus conciertos para dos claves, cuerda y continuo. ¿Acaso puede haber mayor placer para los sentidos?