Un rombo gigante le informa al visitante que está a punto de entrar en el sitio en el que el grupo Renault guarda sus secretos más importantes, el conocido como Technocentre. Situado en Guyancourt, una localidad al suroeste de París, se levanta esta instalación creada en 1998 que parece una pequeña ciudad, en la que 9.110 trabajadores dan forma a los futuros modelos de las marcas Renault, Alpine, Dacia y Mobilize. Caminando por sus pasillos, en dirección al área de diseño, se observa un gran cartel con la palabra ‘Futurama’. Es el nombre del nuevo plan estratégico que Renault presentará en los últimos meses del año, con el que la compañía quiere seguir la estela de crecimiento que marcó el anterior, el ‘Renaulution’, que logró levantar a una empresa que estaba en la lona.
El nuevo plan será llevado a cabo por un nuevo líder, François Provost, que tiene el difícil encargo de sustituir a un hombre con una sombra alargada en el automóvil como es Luca de Meo, que se marchó al mundo del lujo tras cosechar éxitos en Seat y Renault. Provost deberá lidiar con un entorno desafiante, como él mismo ha admitido en la reciente presentación de resultados, donde la compañía anunció unas pérdidas de 11.185 millones, que se explican por el cambio en cómo la francesa cuenta su participación en Nissan, de la que es la máxima accionista.






