Le han preguntado por sus fiestas en Ibiza, por sus romances veraniegos y hasta por los métodos más efectivos para sobrellevar las resacas, pero Carlos Alcaraz, no lo olvidemos, es jugador de tenis, tal vez de los mejores de la historia ya a estas alturas, cuando apenas supera las 22 primaveras. Que el entusiasta joven de El Palmar se quiera tomar un descanso para desconectar de su rutina y disfrutar del verano no solo entra en el terreno de lo predecible, sino que casa a la perfección con que el mismo Alcaraz, el jugador que ya ha conquistado cinco Grand Slams, busque aniquilar a su rival cuando se le presenta la ocasión.

Así salió el murciano a la pista central de Cincinnati este domingo, justo cuando se cumplían 41 días de su último partido oficial, la final de Wimbledon ante Jannik Sinner. “Poco a poco, Carlos, va”, musitaba bajo el sol Samuel López, técnico del número dos del mundo en ausencia de Juan Carlos Ferrero, quien dosifica de un tiempo a esta parte sus viajes a lo largo de la temporada. Como en un entrenamiento, Alcaraz mira al banquillo, sonríe y, rostro relajado, aplasta a su oponente con una derecha que bota imparable sobre el azul infinito de Cincinnati.

Carlitos survives a close one in Cincy! 👀@carlosalcaraz found a way to get past Dzumhur 6-1 2-6 6-3.@CincyTennis | #CincyTennis pic.twitter.com/ZSRrG1CitV