El caso Sijena, que ha avanzado lentamente en los tribunales durante la última década, llega a su recta final tras la confirmación de sentencia que el Tribunal Supremo dictó el pasado 28 de mayo y que obliga a devolver las pinturas románicas del monasterio oscense que hoy se exhiben en
e="https://elpais.com/noticias/mnac-museo-nacional-arte-cataluna/" data-link-track-dtm="">Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). La jueza del tribunal de Instrucción número 2 de Huesca deberá decidir a partir de septiembre si ordena ya la ejecución de la sentencia y el inicio de los trabajos para la restitución o si hace caso a los actualizados argumentos técnicos del MNAC y frena el calendario del Gobierno de Aragón (que cree que todos los trabajos pueden hacerse en siete meses). O incluso si suspende la devolución ante el riesgo de comprometer aún más el estado de una joya patrimonial de 800 años protegida por el Estado como bien de interés cultural.
El museo catalán dará, a la vuelta de las vacaciones, los últimos coletazos a su estrategia judicial, basada en exprimir la idea de la extrema fragilidad. Pero no es el único actor que se ha implicado en esta batalla judicial de elevada dialéctica política. Ajeno al MNAC, el independentismo también se ha sumado a esa campaña en los tribunales para intentar evitar el fallo judicial in extremis y con hojas de ruta legales totalmente divergentes de las del MNAC.






