El próximo lunes, 20 días después de trascender la sentencia del Tribunal Supremo, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) manifestará por primera vez su posición acerca de la decisión judicial que le obliga a restituir las pinturas románicas rescatadas del monasterio de Villanueva de Sijena en 1936. En la reunión se expresarán sus patronos, entre los que se encuentran la Generalitat y el Ministerio de Cultura, que han expresado su deseo de acatar y ejecutar la sentencia, pese a que el Gobierno catalán ha defendido durante una década de juicios el riesgo de daños irreparables que entraña la operación, que el Gobierno de Aragón reclama. A falta de una posición oficial de su cúpula, el MNAC ha defendido argumentos técnicos para defender que los murales del siglo XIII sigan en Barcelona, poniendo ante las cámaras y los micrófonos a su jefa de Restauración y Conservación Preventiva, Carme Ramells, quien apuntó que el traslado iba a poner en marcha “una bomba de relojería” que amenazaba los trabajos.
Esa posición expresada por Ramells, mudada en un dilema ético que afecte al resto de su equipo, puede chocar con la ejecución de la sentencia del Supremo. “El conservador-restaurador tiene el derecho en todas las circunstancias a rechazar cualquier petición que crea que es contraria a los términos o espíritu de este código”, apunta el código ético aprobado por ECCO, la Confederación Europea de Organizaciones de Conservadores-Restauradores, y que asumen las organizaciones española y catalana. Los especialistas del MNAC, que tienen bajo su tutela una de las colecciones más relevantes del arte románico, más allá de la explicación técnica de su jefa de equipo, no han ofrecido todavía su posición acerca del dilema que se les abrirá una vez tomada la decisión definitiva del patronato. También su comité de empresa ha preferido optar por el silencio hasta ahora.







