La primera vez que se celebró O Marisquiño en Vigo, Abel Caballero estaba a punto de dejar la política tras su sonado fracaso electoral como candidato a presidente de la Xunta y los skaters eran considerados unos “vándalos” que destrozaban el mobiliario urbano. Era el verano de 2001 y este festival de deportes y cultura urbana nacía como una competición local de skate. Bueno, más bien ni eso. El presentador lo bautizó como “campeonato parroquial”. Lo recuerda jocosamente Carlos Domínguez, más conocido como Pity. Él regentaba una tienda de skate (y surf) en la ciudad y fundó O Marisquiño para “motivar la escena local” de lo que ahora es deporte olímpico. Eligió el nombre para darle el “toque gallego”. Este fin de semana alcanza su 25º edición.

El alcalde Caballero es hoy una máquina de mayorías absolutas en Vigo e, impelido por un empuje insólito para quien fue ministro en los ochenta, baila break dance en la presentación de O Marisquiño. No hay mayor prueba de lo que ha cambiado el cuento. Domínguez rememora las dificultades que tuvo que afrontar al principio por los prejuicios de instituciones y patrocinadores. En 2006, cuando se introdujo en la cita el arte urbano, “nos dijeron que los grafiteros eran unos vándalos”, afirma. “Tuvimos que convencer a las instituciones de que igual que algunos pintaban en lienzos había chicos que lo iban a hacer en unos tableros”. Lo mismo con los skaters, a los que se acusaba de destrozar el mobiliario urbano: “Fueron miles de minutos de conversación para explicarles que no solo existe el fútbol, el basket o el ciclismo, que hay otros deportes que también precisan dedicación y esfuerzo físico y psicológico para estar en la élite”.