El presidente de EE UU, Donald Trump, tiene dos buenas oportunidades para intervenir en la política económica del país: los nombramientos del responsable de la Oficina de Estadísticas Laborales, que compila los datos de empleo, y del sustituto de la gobernadora de la Fed Adriana Kugler. La primera, Erika McEntarfer, fue despedida de forma fulminante el viernes por los malos datos de empleo de julio; la segunda presentó su dimisión ese mismo día.
La línea de puntos que conecta los dos casos es que ambas habían sido designadas por presidentes demócratas, y que con su salida, Trump tiene margen de maniobra para controlar la información económica ante otras dos señales inquietantes: la ansiedad provocada por la guerra arancelaria, y la retracción del consumo. Aunque la mayoría de los economistas cree que una recesión es poco probable, el tipo de caída en la contratación que muestran los datos de julio históricamente ha presagiado turbulencias. La intervención de Trump será además especialmente relevante en el segundo caso, pues la salida de Kugler se produce en la cuenta atrás para el relevo de Jerome Powell, presidente de la Fed, cuyo mandato concluye teóricamente en mayo. Y podría acelerar una sucesión antes de lo previsto.















