Shirakawa-go es mucho más que una aldea de postal que ha conquistado Instagram: con apenas 1.600 habitantes y 114 casas gasshō-zukuri (las construcciones tradicionales de la zona), este lugar patrimonio mundial de la Unesco desde 1995 resiste el paso del tiempo sin renunciar a su esencia. A medida que se avanza por las montañas nevadas de la prefectura de Gifu, en la región de Chūbu, la ruta serpentea entre enormes pinos, dejando atrás el bullicio urbano para abrir paso a un paisaje que no se parece a ningún otro de Japón.

Desde la ventana del autobús ya intuía algo especial, pero fue al bajar cuando el asombro se volvió absoluto: la nieve trazaba senderos hacia viviendas que parecían salidas de una película de Akira Kurosawa. En ese instante sentí la emoción de quien descubre un destino poco convencional.

Mi primera parada fue en Soba Wakimoto, un restaurante familiar de comida local ubicado en una casa tradicional. Su especialidad son las sopas elaboradas con soba artesanal. En el menú destacan opciones como la soba con tempura de camarón, con yamaimo natural (ñame) o con carne de res Hida, una de las variedades de wagyu japonés más reconocidas, originarias de Gifu. Me decidí por esta última, y la recomiendo ampliamente: la calidad de la carne y el equilibrio de sabores hace que cada bocado valga la pena.