Nada más encajar el 4-0 del PSG en las semifinales del Mundial de Clubes, la primera reacción de Xabi Alonso fue dividir la cuenta de la goleada. El torneo y el correctivo parisino, aseguró el técnico, habían sido el final de la temporada, de la que él solo formó parte el último mes, y a la vuelta del verano el contador se pondría a cero. “A cero”, insistió con énfasis. El mensaje lo repitió hasta cuatro veces en 13 minutos de comparecencia en un intento de coger aire.

El mes de entrenamientos, partidos y convivencia había mostrado algunos avances en el Madrid, con tramos de presión alta, energía y líneas más juntas, pero el campeón de Europa lo devolvió a la cruda realidad. Esa tarde de Nueva Jersey confirmó, si hacía falta, que a Alonso le queda un trabajo de cirugía fina y decisiones de fondo. Salvo la certeza de Courtois, todas las líneas le obligan a una intervención profunda, de diversa índole, para recomponer un conjunto que hace un año se anunciaba inabordable y no tardó en revelarse endeble. La pretemporada arrancó este lunes, a solo dos semanas del estreno contra Osasuna en casa, el martes 19 de agosto, y previo paso por Austria para foguearse con el modesto WSG Tirol (día 12, 19.00).