La primera vez que Xabi Alonso tuvo que explicar cuáles eran las urgencias del Madrid al llegar al Mundial de Clubes, pareció que el entrenador seguía siendo Carlo Ancelotti. El nuevo técnico habló de lo mismo que el antiguo, con palabras casi idénticas: las distancias, el compromiso, el equilibrio... El disco de siempre, en referencia, sobre todo, al mejorable trabajo defensivo del equipo. El asunto, punto crítico de los blancos en el último año, apunta de manera directa al esfuerzo y convivencia de Vinicius y Mbappé, las dos estrellas que con bastante frecuencia se desentendieron la temporada pasada de correr hacia atrás y que, además, no hicieron match como pareja ofensiva.

Si la situación en el centro del campo exige una intervención más táctica del preparador vasco para aliviar las limitaciones, esta vía de fuga va a medir las capacidades diplomáticas y seductoras del tolosarra. O, llegado el momento, su disposición —o margen de maniobra— para tomar decisiones drásticas. El año pasado, las continuas llamadas y charlas de Carletto a la implicación defensiva de los atacantes —de Vini y Mbappé en particular— no surtieron efecto.

El escaso engrase como dúo, un problema de dos direcciones en el campo, ya provocó los silbidos del Bernabéu a ambos en instantes diferentes, aunque en los últimos meses el distanciamiento de la afición con Vini ha cogido más vuelo. Una amenazante ola de hartazgo se ha extendido entre la masa madridista, que ha asistido al bajón de rendimiento del brasileño, autor de apenas ocho goles en todo 2025 y cuya renovación de contrato es una tarea pendiente (expira en 2027). En el vestuario, tampoco han faltado opiniones que señalan la llegada de Mbappé como una alteración en el complejo equilibrio de egos de la plantilla, algo que sí se había logrado la campaña anterior, que acabó con el doblete de Liga y Champions. En todo caso, los dos recibieron la reprimenda de sus compañeros por no ayudar lo suficiente en el repliegue defensivo.