En las estrechas carreteras que llevan al pueblo de Bronte, en la ladera occidental del Etna, un árbol de ramas retorcidas y aspecto humilde se impone en el paisaje. Se trata del pistachero, cuyo fruto da su fama mundial a esta localidad italiana de menos de 20.000 habitantes, donde uno de cada cuatro vecinos trabaja en el cultivo del que muchos consideran el m...
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ejor pistacho del mundo.
Según datos del ISTAT (Instituto Nacional de Estadística Italiano), Bronte produce cada dos años -los impares- 3.400 toneladas de Pistacchio Verde di Bronte DOP, la denominación de origen que protege este manjar desde el 2009. Una gota en el vaso de agua que representan las más de un millón de toneladas producidas a nivel mundial en el último año, cuya demanda, empujada por nuevas modas gastronómicas, está llevando a otros países a multiplicar su producción. En Bronte, en cambio, la exquisitez del fruto se debe a su rareza. Su baja producción y las características propias del terreno volcánico le dan un característico color esmeralda y un sabor dulce, muy deseado en la alta pastelería.
“La piel tiene un tono que tiende al berenjena, con reflejos verde claro. Al partirlo por la mitad, el pistacho muestra un verde esmeralda característico, a veces intenso, otras más suave, pero nunca amarillo, como ocurre con otros pistachos de origen extranjero”, explica Enrico Cimbali, presidente del Consorzio Tutela Pistacchio Verde Bronte D.O.P., que vela por la calidad y la procedencia de este pistacho. En boca, el sabor del pistacho de Bronte es persistente y particularmente aromático, lo que se debe, según los especialistas, a su alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados.






