Se trataba de un equipo formado por varios hombres y un par de mujeres. Estaban organizados, sabían cuándo debían intervenir y cómo hacerlo. Acudían cada vez que estallaba un conflicto que los cuidadores ya no podían controlar. La orden les llegaba por WhatsApp. A veces intervenían y llamaban a la Policía. Otras, se encargaban ellos mismos de reducir a quien se resistiese. A golpes....

Así describe esta especie de tropa de choque quien fue director de uno de los centros gestionados por Quorum Social 77, la mayor adjudicataria del Gobierno canario para la atención de menores migrantes. La entidad está ahora investigada por supuestos malos tratos, lesiones y amenazas a varios de los más de 2.000 niños y adolescentes que tiene a su cargo. El testimonio coincide con los de otros dos extrabajadores que presenciaron esas intervenciones o las conocieron por boca de los chicos. Ninguno quiere dar su nombre real. Como viene siendo habitual, temen represalias.

“Lo llamaban el equipo de intervención. Estaba compuesto por luchadores de lucha canaria, gente de gimnasio en general, tíos cuadrados, ¿sabes?”, arranca Luis (nombre ficticio), un integrador social que pasó un año trabajando para la ONG en diferentes destinos. “Había dos chicas, una de ellas era árbitro de boxeo, y en los hogares de niñas eran ellas las que actuaban”. Otra trabajadora, de otro centro, los describe así: “Son los matones de Quorum. Si los menores se estaban portando mal, ellos venían y se los llevaban o los reducían. A mí, que los defendía, me llamaban de forma despectiva ‘pro-niño”.