Los traumas del pasado tienden a activar mecanismos de autoprotección. Sucede con el alza del precio de la vivienda, que devuelve a un primer plano los fantasmas de la burbuja inmobiliaria. Y ocurre con el auge de las grandes tecnológicas estadounidenses, que arrastran los demonios del crash de las empresas de internet a comienzos de siglo. Los ecos de la historia pueden ser útiles cuando evitan que se repitan errores, pero los paralelismos, si el análisis es de trazo grueso, puede también empujar a una parálisis que implique la pérdida de oportunidades de inversión.
Del mismo modo que hay expertos marcando distancias entre la especulación que alimentó los precios de las casas hasta 2008, gracias a la ligereza con que la banca y las cajas de ahorros concedieron créditos que superaban el 100% del importe, algo que no sucede hoy día, también en las tecnológicas el escenario se antoja distinto. Esa diferencia la están confirmando en los últimos días la publicación de resultados de estas compañías, que suman una rotunda remontada en Bolsa que sitúa de nuevo al S&P 500 y el Nasdaq en máximos históricos.
Es cierto que, igual que pasara con internet, la bonanza va asociada en buena medida a una innovación incipiente, la inteligencia artificial, con mucho que probar todavía. Pero desde hace años los grandes del sector presentan trimestre a trimestre beneficios cuantiosos, que además en ciertos casos crecen a buen ritmo, y su negocio, en el que se entremezclan facturaciones abundantes por publicidad (Meta y Alphabet), sistemas operativos de teléfonos móviles (Apple y Alphabet), dispositivos (Apple y Microsoft), o comercio (Amazon) está lejos de depender de una única pata para funcionar. Poco que ver con la fragilidad de muchas de las compañías que se dispararon en Bolsa en los inicios de internet. Más promesa que realidad y que no tardaron en ser enterradas en el cementerio corporativo.






