Las dudas sobre la capacidad para rentabilizar las inversiones en IA ponen a prueba la narrativa de crecimiento ilimitado que ha dominado el año en Bolsa

La volatilidad está de vuelta en los mercados. En la última semana, las dudas que cada vez generan más voces de alerta por las elevadas valoraciones de las grandes tecnológicas han desencadenado jornadas de fuertes caídas en las Bolsas mundiales. Después de meses de euforia vinculada al desarrollo de la inteligencia artificial (IA), el mercado tecnológico estadounidense ha vivido un despertar abrupto. Y aunque no se trata de la única razón detrás de los números rojos que han teñido los paneles en las últimas sesiones en todo el mundo —los inversores también están preocupados por la política monetaria de la Reserva Federal, por la incertidumbre política en EE UU y por los efectos de los 40 días de cierre del Gobierno federal, que han deteriorado la disponibilidad de datos económicos fiables—, las compañías más expuestas al desarrollo de la IA están en el punto neurálgico de las sacudidas bursátiles.

La evolución del Nasdaq Composite, el gran termómetro tecnológico, refleja esa sensación de montaña rusa. El pasado 29 de octubre el índice alcanzó su máximo histórico. Desde entonces ha registrado más sesiones en negativo que en positivo, con varias jornadas en las que ha perdido más de un 2%. Y aunque la caída no es significativa, los vaivenes muestran avisos a vigilar. Los nervios son más patentes cuando se baja al terreno de los valores.