Los mediciones históricas señalan que la media de edad a la que las mujeres han alcanzado su pico de rendimiento en la natación oscila entre los 18 y los 20 años. El dato es indicativo de la angustiante anomalía que atraviesa el equipo de natación en línea de Estados Unidos en los Mundiales que se celebran en Singapur, en donde la líder indiscutible de la delegación es Katie Ledecky, que cumplió 28 años en marzo. No aparecen figuras más destacadas en el que hasta la pandemia fue el mejor equipo del planeta y ahora carga con la responsabilidad de brillar en los Juegos de Los Ángeles de 2028, asediado por cuestiones como la escasez de relevo generacional y el recorte de financiación pública a las universidades —motor de la natación norteamericana— bajo el segundo mandato de Donald Trump.

Ledecky nadó la última posta del relevo de 4x200m en 1m 53,71 segundos, en el cierre de la jornada de ayer. Fue una marca extraordinaria. Un tiempo al alcance de cinco nadadoras en toda la historia. Una de ellas es Mollie O’Callaghan, la australiana, que se emparejó con Ledecky en los últimos 200 metros de la final, y que además gozó de medio metro de ventaja en la salida, ya que la tercera relevista estadounidense, Erin Gemmel, carecía del nivel suficiente. Ledecky tuvo que remontar el legado de Gemmel —un plomo de 1m 56,72s— y además enfrentarse a O’Callaghan, la mejor mediofondista del mundo, con permiso de la australiana Ariarne Titmus, que está de vacaciones, y de la canadiense Summer McIntosh, que no se inscribió en los relevos. La pelirroja O’Callaghan no se inmutó ante la amenaza de Ledecky y registró un tiempo personal de 1m 53,44s. El oro fue para Oceanía.