Donald Trump manda en la Casa Blanca pero en la natación estadounidense gobiernan las mujeres. La potencia hegemónica sigue siendo hegemónica, pero solo por un pequeño margen. Si Estados Unidos acabó el Mundial de natación en línea de Singapur en el primer puesto del medallero no fue por la contribución que hicieron los chicos —que apenas cosecharon un oro en una prueba individual— sino porque las mujeres conquistaron ocho oros, el último en la última carrera del calendario, el cierre de la fiesta acuática, la final de relevos de 4x100m estilos. Regan Smith, Kate Douglass, Gretchen Walsh y Torri Huske nadaron con tanta rabia que acabaron batiendo el récord mundial que ellas mismas habían establecido en los Juegos de París, el año pasado: de 3m 49,63s a 3m 49, 34s. Una uña de diferencia. Y no muy larga.

“Esto no solo es un mensaje para el resto del mundo” dijo Tori Huske. “Es un mensaje para nuestro propio equipo. Solo nosotros sabemos por lo que hemos pasado antes de este Mundial [una intoxicación colectiva que provocó que varios nadadores padecieran gastroenteritis]. Que hayamos podido superarlo como lo hicimos es inspirador. Esto va por aquellos que no creían en nosotros: este oro es el comienzo de una racha muy exitosa”.