No al reconocimiento de Palestina. No a revisar el Acuerdo de Asociación de la Unión Europea con Israel. No a las sanciones. Alemania tiene la llave de lo que pueda hacer Europa ante la guerra y la hambruna en Gaza. Pero hasta ahora se ha resistido a sumarse a las iniciativas de otros países para aumentar la presión sobre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
El canciller Friedrich Merz ha endurecido el tono hacia Netanyahu como ningún otro canciller alemán lo había hecho en tiempos recientes, pero las palabras surten poco efecto. El democristiano Merz no descarta ninguna medida. Para él, sin embargo, es prioritario no aislar a Israel y mantener abiertos los canales de comunicación para influir en su política. Su ministro de Exteriores, Johann Wadephul, viajará el jueves a la región.
Alemania, país que perpetró el Holocausto bajo el régimen nazi, se siente obligada a considerar la defensa de Israel una “razón de Estado”, como la definió la excanciller Angela Merkel. Este deber de solidaridad incondicional, que se traduce en un apoyo diplomático y militar que data de los años cincuenta del pasado siglo, pareció más justificado que nunca tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, en el que más un millar de israelíes murieron asesinados. Casi dos años después, y con decenas de miles de muertos bajo las bombas israelíes en Gaza, es una posición única entre los grandes países europeos.









