Mario es un herrador que depende de sus dos furgonetas y de sus herramientas para hacer su trabajo. Muy de tanto en tanto, se le estropean los dos vehículos a la vez y entonces dispone de un par de días libres mientras son reparados en un taller. Cuenta que, durante esas jornadas de parón involuntario, después de cancelar todos sus compromisos, se sube por las paredes y apenas logra relajarse. A veces le sucede después de 10 o 12 días trabajando sin pausa y es todavía peor: tiene la sensación de que se le ha olvidado descansar.

Fran trabaja en un ayuntamiento, alquila un apartamento de su familia a través de Booking y durante las fiestas de su pueblo prepara la llegada de los huéspedes. Da igual que lleve todo el año esperando ese momento: tiene que estar pendiente del teléfono y marcharse a entregar las llaves en cuanto lo llamen. Eva atiende una gasolinera, pero su jornada laboral no termina cuando acaba su turno, sino que después pasará unas cuantas horas más trabajando en una franquicia de ropa barata. Como los días libres de cada uno de esos empleos no coinciden, hace años que no tiene vacaciones. Miguel es fotoperiodista, vive en Galicia y “está siempre de guardia”. Explica que su situación no es mala, porque vive en un entorno que le gusta y prefiere no viajar. En cualquier caso, en cuanto aparece un encargo (no importa si llega atropellando al anterior o durante los festivos más sagrados de julio), él acepta. En su sector no se puede desperdiciar ninguna oportunidad.