Ya ni nos acordamos de cómo somos los blancos heterosexuales y menos aún de cómo éramos cuando no sabíamos siquiera lo que se suponía que éramos: sí sabíamos que todo andaba muy revuelto por dentro y por fuera pero de eso hace ya muchos años, sobre todo para quienes rondamos la edad plenísimamente madura, por no decir directamente provecta. ¿Qué decíamos, qué queríamos, qué sentíamos? Ni idea. Pero la gracia de no saberlo se compensa del todo cuando un libro valiente y sin complejos se atreve a preguntar a hombres de todas las edades lo que les pasa hoy, ahora, cuando unos dicen que, de verdad, es que no se puede decir nada, otros aseguran que padecen los excesos de las feministas locas y otros siguen paseando su mirada arrogante y hasta altiva por el paisaje femenino a la espera de iniciar la caza.
El auxilio más valioso que he encontrado en los últimos tiempos es Caitlin Moran, y creo que me he enamorado de ella, y sé el momento exacto: la última línea de este libro, ¿Y los hombres qué?, en el que Cat (comprended la familiaridad) escribe esta declaración a su marido porque “aparte del perro, obviamente, te quiero más que a nada en el mundo”, sin acordarse ni por un momento de sus dos hijas y sin incurrir en la falacia de mezclar dos amores casi antitéticos. Parece que todo el mundo sabe ya que Caitlin Moran es la autora de unos cuantos libros de éxito apoteósico sobre mujeres. Yo la he descubierto en el libro que nos dedica a nosotros, los europeos blancos y heterosexuales, y me ha rendido definitivamente.






