Los cambios sociales y tecnológicos parecen haber exacerbado los clásicos conflictos que marcan la etapa de tránsito entre la niñez y la edad adulta. Para intentar entender qué ha cambiado, hemos preguntado a una treintena de adolescentes sobre sus relaciones familiares, de pareja y amistad, qué esperan del futuro, cómo viven el sexo, manejan la soledad o afrontan las presiones de su entorno. Esto es lo que nos han contado
La vida de Amelia, de 15 años, giraba en torno al baloncesto. Por eso, cuando el día a día en su equipo se convirtió en un infierno porque una compañera “puso a todas las demás” en su contra, su mundo sufrió una tristísima sacudida de la que ahora por fin se está empezando a recuperar. La vida de Rubén, de 16, también cambió completamente cuando, tras pasar por un centro de menores, empezó a vivir hace un par de años con una prima mayor que le tiene marcado todo el día: con quién anda y por dónde, a qué dedica sus horas… Seguramente, las vidas de Rubén y Amelia tienen muy poco que ver; se podría decir casi que viven en planetas distintos. Pero los dos tienen claro, por ejemplo, que quieren s...
eguir estudiando: uno quiere cursar una FP de mecánica, y la otra, la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Y, sobre todo, los dos comparten ese nebuloso y desconcertante espacio que se llama adolescencia, y que desde hace algún tiempo parece haber exacerbado sus clásicos componentes de egocentrismo, desorientación mezclada con exceso de confianza, exploración y bailes frenéticos entre el gregarismo y la búsqueda de una identidad propia. Es como si los cambios sociales y, sobre todo, los tecnológicos hubieran girado hasta el máximo el volumen de la adolescencia.






