Casi 300.000 viviendas han cambiado de manos desde el arranque del año (de enero a mayo, último mes analizado por el INE). Cada una de estas operaciones pone en marcha una maquinaria en la que hay implicados desde notarios hasta empresas de mudanzas. Estas últimas se están beneficiando del bum en la compraventa y el alquiler de viviendas, sobre todo en verano, época en la que aprovechan muchos compradores e inquilinos para hacer la temida mudanza, uno de los eventos vitales más estresantes en la vida de una persona.
Así, el mercado de la vivienda está impulsando de forma directa el del transporte de muebles. La razón es evidente: cada venta o alquiler suele generar varias mudanzas (la del comprador, la del vendedor, la de los nuevos inquilinos…). Todos ellos aspiran a sobrevivir al trance y, además, sin sorpresas de última hora. Para ello, conviene seguir una serie de pasos antes de embarcarse en cualquier traslado. El primero es contratar la mudanza con empresas o autónomos legalmente establecidas que tengan seguro de responsabilidad civil. Sin él, las pertenencias no estarán aseguradas si se pierden o se dañan. El cliente debe pedir presupuesto y contrato para la realización del trabajo, aconseja Justino Sanchón, gerente de la Federación Española de Empresas de Mudanzas (Fedem), integrada por unas 250 compañías.






