TOUR DE FRANCIAETAPA 19
Como el novelista que ve crecer la pila de folios escritos sobre su mesa y ya demasiado tarde se da cuenta de que su héroe desganado bosteza de aburrimiento y de que poco más le queda por contar que sustente la atención del lector más devoto, y la novela que comenzó épica, continuó aventurera, siguió manga ágil, le está quedando una novel tostón, así el Tour, que urgido por un deseo de acabar cuanto antes, acelera hacia París, ya en dos días, acortando kilómetros de la áspera Saboya y soplándole puertos a sus etapas.
Se alegra Tadej Pogacar –un primera y 36 kilómetros menos que descontar—, y lo celebra con unos destellos pálidos de su maillot amarillo, y culotte, en los charcos del asfalto viejo, y los lunares de Vingegaard siempre a su rueda, y se deprime más aún la fuente de valor popular de la carrera, su raigambre con los pueblos pequeños y sus campesinos, a la que niega la luz de su foco. Como en los pueblos de las laderas del col de Saisies, magníficos prados siempre verdes a más de 1.000m de altura, han debido sacrificar a cabañas enteras de vacas lecheras por una enfermedad contagiosa, el Tour ha suprimido la subida a uno de los puertos clásicos en la ruta hacia el espejo del lago de Cormet de Roselend por el col du Pré, dejando en menos de 100 kilómetros el día grande de La Plagne, donde sufrió Perico y resucitó Roche con una botella de oxígeno en el Tour del 87; donde Indurain sentenció su quinto Tour.














