En España para quedar a tomar el aperitivo se ha utilizado siempre la expresión la hora del vermut, ancestral bebida donde se macera numerosas hierbas en un vino, que ya elaboraban los antiguos griegos y romanos. Vivimos el renacer de esta singular bebida, con numerosos jóvenes descubriendo el vermut que tomaban sus mayores, y entendiendo que la revolución de sensaciones no ha hecho más que empezar.

El vermut se elabora con vino, principalmente blanco, al que se le añade alcohol (un tercio, con una graduación entre 16 y 22º), donde han macerado distintas hierbas, cortezas y otros botánicos. El principal ingrediente es el ajenjo o artemisa, de sabor amargo, junto a orégano, tomillo, romero o cilantro; para compensar su amargor se le añade azúcar y pieles de cítricos que le aportan frescor. Y el color es fruto de la adición de caramelo de azúcar. Como siempre, el secreto se encuentra en el equilibrio de sus ingredientes.

El nacimiento del vermut (que significa ajenjo alemán), como hoy lo conocemos, es el norte de Italia, de marcado carácter amargo; mientras el estilo blanco seco es originario de Francia. En España el principal centro de producción fue Reus (Tarragona), aunque la gran creatividad actual nos ha llevado a poder disfrutar de sensacionales vermuts blancos gallegos, y complejos vermuts jerezanos, pero la moda de elaborar un buen vermut se extiende ya por toda nuestra geografía, con estilos tan interesantes como un tempranillo de la Ribera del Duero.