El gesto de sorpresa, con los ojos muy abiertos y una sonrisa de incredulidad, pronto se convierte en un llanto de emoción. Es la primera reacción del californiano de 45 años Casey Harrell al escuchar su voz después de cuatro años, cuando la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) empezó a afectar los nervios que controlan los músculos de su garganta. Las lágrimas también invaden a su esposa, que está a su lado junto a su hija pequeña. La prueba tiene que parar durante unos minutos, porque algunos miembros del equipo de la Universidad de California en Davis no pueden evitar conmoverse. El grupo ha desarrollado una interfaz cerebro-computadora (BCI, por sus siglas en inglés) que no solo interpreta en tiempo real lo que Harrell quiere decir, sino que además capta su entonación y estilo a la hora hablar.

“Se siente mucho como yo”, se escucha a través de un altavoz conectado al BCI que descifra la actividad neuronal del paciente cuando intenta decir algo, como se muestra en los vídeos que registran el proceso. Para que el dispositivo pudiera conectarse al cerebro, se implantaron, en una compleja cirugía, cuatro matrices que contenían un total de 256 electrodos de 1,5 milímetros en la corteza cerebral de Harrell. Específicamente en la región que controla el habla, la mandíbula y otros músculos del tracto vocal. La parálisis había provocado que las señales neuronales de esa región no puedan llegar a su destino.