Si tuviésemos que definir Los Goonies con una frase podríamos decir: es la historia de un grupo de niños que busca un tesoro. Que 40 años después sigamos hablando exhaustivamente de ella, sigan adorándola los que la vieron en su estreno en el verano de 1985 y haya seguido incorporando espectadores de nuevas generaciones, evidencia que es mucho más. En primer lugar supone una inusual mezcla de géneros: thriller, aventura, humor y terror, además de temáticas que van desde la amistad al primer amor o el final de la infancia. Como
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ank" rel="noreferrer" title="https://www.independent.co.uk/arts-entertainment/films/features/the-goonies-josh-brolin-avengers-sean-astin-steven-spielberg-a8876041.html" data-link-track-dtm="">señaló The Independent en este tiempo en el que los éxitos de cine de entretenimiento adolescentes son secuelas o precuelas, “Los Goonies parecían 15 películas originales diferentes que se precipitaban una tras otra, saltando de un género a otro”.
Los Goonies daba sentido al concepto “para todos los públicos”. Los adultos que acompañaban a los niños a las salas de cine salían tan embelesados por las aventuras de la pandilla de los muelles de Goon como los pequeños. “Antes había películas para niños y películas para adultos. Ahora Spielberg ha encontrado un nicho intermedio”, escribió el crítico Roger Ebert. También es una demostración de que se puede hacer un cine para menores que apele a su inteligencia, algo que los ochenta demostraron con otras producciones de Steven Spielberg como Gremlins, con la que comparte guiños, o El secreto de la pirámide, la devastadora primera aventura de un jovencísimo Sherlock Holmes. Películas que no rehuían la muerte, la soledad o la tristeza.






