Con motivo de la reciente sentencia del juzgado mercantil número 2 de Barcelona, que desestima la demanda sobre competencia desleal puesta por la plataforma Just Eat contra Glovo, la situación del sector de los riders ha vuelto a la palestra. Como en la famosa canción de The Doors, Riders on the Storm, las condiciones laborales de estos trabajadores parecen estar atravesando una tormenta llena de incertidumbres.
El sector de entrega de comida a domicilio online continua su avance imparable a nivel mundial, especialmente desde la crisis de la Covid-19, cuando la demanda de estos servicios por parte de las familias se disparó. Ello ha provocado una transformación radical de las relaciones laborales, al eludir varias plataformas el cumplimiento de las regulaciones laborales relativas a la protección social. Tradicionalmente, lo han venido haciendo mediante la subcontrata de sus repartidores como trabajadores autónomos, en vez de hacerlo como trabajadores asalariados.
Cada día, la imagen de los riders pedaleando por las calles con sus llamativas mochilas de colores, les ha convertido en un símbolo visible del intenso debate sobre si deberían permanecer como autónomos o ser reclasificados como empleados por cuenta ajena. Quienes defienden esto último argumentan que la condición de asalariados les otorgaría derechos sociales esenciales, como jornada laboral y salarios sujetos a negociación colectiva. Quienes se oponen argumentan que el autoempleo ofrece a los riders una mayor flexibilidad horaria y reduce las barreras de entrada al mercado laboral, ya que basta con registrarse en una plataforma digital para estar operativo.






