España sabe lo que es vivir con la cotorra argentina, un loro verde muy ruidoso nativo de Sudamérica que se expande allí donde llega como una mancha de aceite ―de forma lenta, pero sin pausa―, a una velocidad de 33,2 kilómetros al año. Normalmente, es el hombre el que la introduce al comprarla como mascota. Un estudio ha analizado el avance de la especie invasora en todo el mundo, incluida la Antártida donde no ha llegado, y ha identificado las regiones donde la cotorra ya vive, las áreas en las que su colonización está empezando y las favorables donde aún no está presente. En la investigación, basada en el desarrollo de un modelo matemático, se emplearon 25 variables que abarcan factores climáticos, topográficos y antrópicos.

“A partir de estos resultados, se pueden diseñar planes de prevención en regiones de alto riesgo como pueden ser Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica o Irlanda”, señala Antonio Román Muñoz, profesor del departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga y uno de los autores del artículo. Se trata de predecir su aparición, porque una vez que esta especie se asienta, erradicarla o mantenerla a raya es una tarea complicada y costosa, como ha ocurrido en muchas ciudades de España.